No te
cruzarás ni una milésima de segundo en mi mente, ni en mi vida.
No tendré que concentrarme en respirar cuando torciendo alguna
esquina me encuentre contigo, no veré tu viva imagen. Me centraré en la carrera que me recomendaste y
animaste para conseguir.
Escucharé la música que era nuestra, esa
que cantábamos a voz en grito saltando las tardes de primavera sin
calcetines. Enterraré esa película en el fondo de las escusas que
tanto se han repetido todo este tiempo. No cumpliré ninguna de las promesas que
firmamos con una sonrisa fingida ahora al encontrarnos. Olvidaré colores,
nombres, tu número, tu dirección, olores, canciones y libros.
Verás en mi la persona fría que no soy, esa que
te gustaría que hubiese sido en muchos momentos. Seré el reflejo
de la indiferencia meditada, tendrás todo aquello que dijiste. Odiaré
siempre cada abrazo, cada historia y cada mirada cómplice.
No estaré en tu día a día para
preguntarte cómo ha ido, qué opinas de ese grupo, si quieres ir a escucharlo al
Sol o si quieres simplemente estar.
Y a lo mejor con todo esto, pese a todo esto, logre no acordarme
de ti, o que todo esto tenga algo de coherencia.
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